Existen muchos tipos de viajeros; los urbanos, los adictos al deporte y experiencias adrenalínicas, lo que solo visitan playas paradisíacas, los que en una semana recorren 1200km de la “Ring Road” Islandesa o los que deciden dedicar 5 días, única y exclusivamente, a conocer los fiordos del este de la isla.

Para los que decidan recorrer de Egilsstadir hasta Jokullsárlón, en sus casi 500km por la costa, a continuación pueden encontrar las 8 paradas obligatorias a realizar durante el recorrido, incluyendo carreteras infinitas con vistas al todo y a la nada a la vez, piscinas de agua geotérmica y encantadores pueblos bañados por las aguas del atlántico.

Iglesia de Hof

La Hofskirkja (Iglesia de Hof) puede que sea la iglesia más fotografiada de Islandia. A medio camino entre Skaftafell y la laguna del Jokullsárlón, y escondida a menos de 1km de la carretera principal que recorre la isla por la costa, la N1; la iglesia del tejado de césped hace las delicias de cualquier historia de elfos y hechizos, tan típicas de Islandia.

Jokullsárlón

La laguna de Jokullsárlón es, sin duda alguna, uno de los paisajes más espectaculares de Islandia. Situada en una de las lenguas del glaciar más grande del país, el Vatnajökull, la “playa de los diamantes”, como comúnmente se la llama, es de parada obligatoria durante cualquier viaje a la isla.

Miles de piezas de hielo son empujadas lentamente hasta su encuentro con el frío océano atlántico, creando un contraste indescriptible al encontrarse con la arena negra volcánica que cubre la playa. Estos pequeños bloques son restos de grandes icebergs del glaciar que han sido desprendidos y que flotan en las aguas de la laguna esperando ser arrastrados por la corriente hasta el océano.

Imagen del glaciar de Jokullsárlón al alba

Además, Jökullsárlón ofrece cientos de ofertas turísticas; barcos grandes, pequeños zodiac, kayaks, un bar con tienda de souvenirs en su interior, wifi en todo el recinto, etc.. a pesar de esto, existe una opción alternativa a tan solo pocos kilómetros que no muchos turistas conocen.

Y es que Fjallsárlón, otra lengua del glaciar Vatnajökull, no está tan masificada, y además, debido a su “reducido” tamaño (en comparación con Jökullsárlón, claro) no permite la existencia de embarcaciones grandes, reservando la navegación a los llamados “zodiac boats”, es decir, barquitos a motor que recorren el lago acercándose todo lo posible a los bloques de hielo y lo mejor… con un número reducido de visitantes en él.

Hoffel hot tub

A pocos kilómetros de Jokullsárlón, y antes de llegar a la ciudad de Hofn, se encuentran las piscinas naturales de Hoffel. 5 pequeños “hot tub” a más de 40ºC, perfectas para relajarse tras un día de turismo por la isla.

El espacio no cuenta con ninguna otra facilidad que con vestuarios divididos por sexos, sin baños ni calefacción. Así que el visitante deberá traer la toalla y todo lo que necesite por su cuenta.

El aparcamiento se encuentra a pocos metros de las piscinas geotermales y es gratuito, aunque se invita a dejar unos 500 ISK para su mantenimiento.

Faro de Hvalness

Después del de Dyrholaey, el faro de Hvalness es el más visitado y fotografiado de la isla.

Alzándose sobre una pequeña península y dejando atrás agrestes montañas de arena negra, todavía hoy en día sigue iluminando y guiando a los marineros que se atreven a surcar las aguas del océano atlántico.

Seyðisfjörður

Seyðisfjörður es uno de esos pueblos que parecen haber salido sacados de un cuento y que da la bienvenida a aquellos quienes decidan llegar a la isla por mar. Y es que desde la capital danesa de Copenhague parte el ferry (con parada en las Islas Faroe) que llega al puerto de Seydisfjordur, su única parada en Islandia.

El pueblo, de 676 habitantes, se encuentra a pocos kilómetros al este de la capital de los fiordos, Egilsstadir, y aunque no cuenta con muchas opciones de ocio, mil y un senderos recorren sus montañas desde donde conseguir las mejores vistas. Además, a partir del mes de Noviembre hasta la llegada de la primavera, Seydisfjordur se tiñe completamente de blanco tras las primeras nevadas, y su reflejo queda perfectamente pintado sobre el agua fría del atlántico, muchas veces convertida en una espesa capa de hielo.

Laugarfell

Laugarfell es, tras Seljavellir, una de las piscinas geotermales más pintorescas del sur de Islandia.

A 70km de Egilsstadir, sobre una carretera totalmente en ascenso y con solo una opción para alojarse, los pequeños “hot tub” aparecen medio camuflados a la altura del mismo suelo para los valientes que decidan sumergirse en ellas sin importar la temperatura exterior.

Carreteras infinitas

Por si las carreteras del resto de la isla no fueran suficientemente bonitas, las que recorren los fiordos de nombres impronunciables también zigzaguean por la geografía islandesa, primero hacia el interior y después, de nuevo hacia el atlántico, incansablemente durante casi 200km.

Estas carreteras discurren entre Djúpivogur y Neskaupstaður, entre los acantilados del atlántico y las montañas de forma piramidal perfecta y de arena negra volcánica que se desprende hacia la carretera en más ocasiones de las que los turistas desearían.

Auroras Boreales sobre las carreteras infinitas islandesas

Djupivogur

Djupivogur es uno de esos pueblos sin ningún atractivo turístico, museo o actividad al aire libre que pueda llamar la atención a cualquier turista que recorra la N1 islandesa, y a la vez, es uno de esos del que nunca te irías.

Aquellos en los que te sentarías a la orilla del puerto para contemplar los marineros en su rutina diaria, o disfrutarías de una buen plato de pescado fresco frente a la bahía sin cruzar palabra. Uno de esos pueblos que no sabes porqué, pero engancha y prometes volver en el próximo viaje.

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